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A pesar de los esfuerzos de la Cancillería, ningún líder de los países integrantes del G20 aceptó reunirse en privado con Cristina. Ni siquiera cuando la desesperación argentina comenzó a insistir con contrapropuestas que bajaban continuamente las pretensiones originales, aunque siempre exigiendo la posibilidad de que se pueda hacer público, aunque más no sea en Canal 7.
Así, y reconociendo la absoluta falta de interés de la otra parte, se comenzó ofreciendo la ausencia del intérprete; la drástica reducción del tiempo del encuento; mini reuniones de apenas 1 minuto (máximo, cronómetro en mano); simples instantáneas fotográficas (sólo posar, sin siquiera la obligación de sonreir y hasta con la posibilidad de salir de espaldas) y, finalmente, las mediáticas reuniones virtuales, donde ni siquiera se requería la presencia del invitado. La única condición innegociable era el reconocimiento público de esa supuesta reunión con Cristina, al menos una sola vez y ante el medio que prefiera, aceptándose revistas barriales, catálogos de compras y hasta fotologs familiares.
Poco antes de la llegada de la Presidenta a Estados Unidos para asistir a la reunión, la falta de resultados hizo que muchos diplomáticos comenzaran a dudar muy seriamente sobre la existencia misma de nuestro país, aunque, reconocen, su mayor preocupación era la reacción de Cristina. Más exactamente, sobre sus predecibles consecuencias.
Aunque algunos funcionarios aceptan que se llegó a utilizar, la idea de ofrecerles dinero a los diferentes líderes del G20 para motivarlos a aceptar la reunión se habría deshechado rápidamente. Aunque se disponía de una partida de fondos reservados especialmente destinados para este tema, sabían que no era conveniente correr el riesgo de quedarse sin dinero poco antes del inicio de las vacaciones. “A un líder del Primer Mundo no lo arreglás con un par de mangos, aunque sean mucho mas baratos que cualquier funcionario nacional”, explicó un diplomático tentado con entregarse al FBI con la esperanza de veranear en Miami y conocer a María del Luján Telpuk.
Con los antecedentes del Matrimonio Presidencial, no fue difícil que se terminara decidiendo por la alternativa más habitual: presentarle a Cristina un programa de reuniones con los supuestos líderes. Lo importante, sabían, era que la persona que estuviera delante de ella podía ser cualquier cosa e, inclusive, ni siquiera parecerse al personaje que representaba, pero era imprescindible que solamente hablara y entendiera inglés, o en su defecto cualquier idioma que no fuera Castellano (hace unos años, Kirchner estuvo charlando dos horas con un supuesto presidente africano y jamás supo que se trató de un marinero sueco de paso por Buenos Aires).
Aunque ahora ningún funcionario se anima a referirse al tema, se comenta que causó sorpresa la alegría de Cristina cuando, al terminar la reunión del G20, habló sobre su nutrida agenda en Estados Unidos, especialmente al destacar el soñado encuentro de varias horas que, asegura, mantuvo con Barack Obama, al que describió como un “negro cabezón, medio gordo, mal vestido, con olor a licor, sumamente simpático y casi tan inteligente como mi marido”.
La euforia de la Presidenta es sólo comparable con la bronca de Néstor, quien, aseguran, siempre habría desconfiado de los negros, especialmente si se encuentran a solas con su esposa y a miles de kilómetros de distancia. Lo único que lo tranquilizaría, cuentan, es su absoluto convencimieno de la imposibilidad de que un hombre de color pueda llegar a ser presidente de algo, incluso en Africa. No sería casualidad, entonces, que Cristina se encuentre de gira por ese continente.
INFORME: SERGIO DENIS, CORRESPONSAL TX2K EN USA. ASESORAMIENTO GEOPOLÍTICO: LIC. MANUELA BRAVO. AGRADECIMIENTO ESPECIAL: PLAN MATERNO INFANTIL BONAERENSE “UN TETRA POR LA VIDA”.
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