Llegaba la hora, pero no el llamado. Se hacía inevitable que debíamos ir a la primera conferencia de prensa de Cristina. La reunión del staff del blog ya llevaba varias horas y la dueña del cabaret literario exigía que pagáramos lo que no habíamos consumido o que, al menos, tomáramos algo para poder cobrarnos. El clima periodístico se enrrarecía por la presencia de las becarias, que también provocaban a tomar decisiones probablemente más correctas que ir a la Quinta Presidencial de Olivos.
“Si nos nos invitan, tendremos que ir”, insistía periodísticamente Salamandro Sánchez, descartando que su interés escondiera la preocupación por tener que socializar la pata negra que atesora en el freezer de Bioy Casares.
“Es sábado, hace frío, llueve, Olivos queda lejos y si los bondis vuelven a parar a la noche nos quedaremos de a pie”, motivaba Armando Bond James mientras forcejeaba para sacarle fotos Bipolaroid a Franquita, empeñada en destrozarle las imágenes del pasado con sus dientes actuales. “Hay algo peor que eso: pasar la noche durmiendo con Néstor y desayunando al mediodía con Cristina”, aterrorizó de esperanzas Félix Sol, el historiador minimalista, profetizando un paro del transporte público a instancias de Blanca Curi, su consultora de cabecera en temas de mercados a futuro.
“Está claro que quieren que vayamos, por eso no nos invitó nadie”. Tito Kissone, que había estado hablando más de dos horas con Massa sobre el partido de entrenamiento entre Tigre y Boca, fue contundente: “Me dijo que si no conseguía que Diego Cagna fuera tapa del domingo, la opción era Cristina”.
Como siempre, la información de Tito fue determinante para que AAF diera la señal de largada. “Nos vamos a Olivos ya mismo”, se anticipó ante la certeza de que el poder de convencimiento de las becarias venciera, una vez más, a la lucha por la verdad periodística.
En pocos minutos, el equipo de TX2K estaba a bordo del 152. Encabezado por AAF, eran de la partida Armando Bond James (fotógrafo Bipolaroid), Salamandro Sánchez (cronista de espectáculos dantescos), Tito Kissone (investigador privado de viáticos), Félix Sol (historiador minimalista) y Franquita (mascota oficial y analista espiritual).
Sabiendo la gran cantidad de información realmente valiosa que ofrecerán los medios, decidimos concentrarnos en relatar lo que vimos y que nadie, en su sano juicio, se animaría jamás a contar. Y mucho menos, a dejarlo por escrito. La historia ni siquiera nos juzgará. Nos tranquiliza saber que ya estamos condenados.
Incidentes caninos
La presencia en la conferencia de prensa de Catalina, la boxer de Kirchner, no fue casualidad. “Néstor le va a largar los perros”, nos habían advertido cuando se enteraron de que Franquita formaría parte del grupo. Y así pasó. Lo del sanguche de miga fue una excusa. Los enfrentamientos debajo de una de las mesas fueron terribles. Especialmente, cuando llegaron varios perros vagabundos enrolados en “La Pluto”, una organización kanina oficialista presidida por la perra de Néstor. Aunque confiábamos en la fortaleza ideológica de Franquita, temimos lo peor cuando nos dimos cuenta de que la mesa había sido “liberada” por los mozos y habían sido retirados del lugar todos los perros policías.
Cuando nos alistábamos para patear colas rentadas, la inconfundible aunque mínima presencia de Franquita emergiendo por debajo del mantel no sólo nos trajo tranquilidad, sino también una bandeja completa de sanguches. Por decisión unánime, y viendo el destartalado estado en que se encontraban, optamos por dejárselos todos a ella. Agradecida, se los despachó con gusto escondida debajo del atril presidencial aprovechando que Cristina estaba ocupada respondiendo preguntas.
Jubilados violentos
Acostumbrados a ingresar a la quinta presidencial saltando los muros o por la puerta trasera, fue todo un desafío hacerlo por la entrada principal. Ante la ausencia de riesgo, la motivación fue hacerlo portando un retrato de Cobos, un afiche de los Kirchner junto a Duhalde y una fotocopia de la boleta de depósito de los fondos de Santa Cruz. La estrategia dio resultado: llegamos al lugar de la conferencia tras cavar un túnel por debajo de la custodia presidencial aprovechando que los muchachos de Guillermo Moreno estaban entretenidos reprimiendo a un grupo de jubilados que portaban carteles de Todo por Dos K.
Respetando el acuerdo previo, horas después pasamos por el geriátrico para dejarles la bandeja de masas prometidas. Aunque un tanto maltrechos, nos dijeron que estaban mas contentos que cuando tienen que ir a cobrar la jubilación. Sobre todo cuando Franquita les obsequió el zapato que le había sustraído a Cristina durante la conferencia. Prometió completarles el par en aproximadamente 6 años, en la próxima cita presidencial con la prensa. Sabíamos que la probabilidad de incumplimiento era lo que más los alegraba.
Gabinete gastronómico
Uno de los más desorientados durante la conferencia de prensa era Miguel Núñez. Vocero presidencial desde el gobierno anterior de Kirchner, por primera vez debía cumplir una función adicional a su trabajo. “Como hombre de prensa, me pagan por atender las valijas de Cristina, no a los periodistas”, se quejaba con razón ante tamaña exigencia. “Lo más parecido a actuar de vocero de prensa de los Kirchner es ser su ministro de Economía”, intentó tranquilizarlo uno de los mozos mientras Núñez amenazaba con un reclamo gremial. Tras varios intentos, recién logró calmarlo cuando, tras caérsele por enésima vez la bandeja, le confesó que era Carlos Fernández, el actual Ministro de Economía de la Nación. Fue casi conmovedor ver a los dos funcionarios irse abrazados a la cocina, donde podía verse al General Bendini lavando los platos y descolgando las tacitas de café de la alacena presidencial.
Redistribuyendo a Néstor
Más difícil que convencer a Cristina de brindar una conferencia de prensa era conseguir que Kirchner no estuviera presente. En el Gobierno lo sabían, así que desde las primeras horas del sábado comenzó el operativo “Redistribuyendo a Néstor”. Obviamente, la intención era redistribuirlo en el lugar más alejado posible. Alertados por el médico oficial sobre la irritabilidad de su colon, se descartó sentarlo en un helicóptero y mantenerlo sobrevolando, aunque más no sea, la ciudad de Montevideo (también Cancillería habría puesto reparos a este plan por temor a una hipótesis de conflicto con Uruguay).
Después de varios intentos que incluyeron sedarlo con discursos de Cristina, disfrazarlo de mujer, embarcarlo en una torpedera paraguaya o llevarlo a pasear por la Exposición Rural, se optó por una sugerencia presidencial de último momento. Y que terminó funcionando. El plan consistía en encerrarlo en un galponcito de la Quinta, donde se sabe que Néstor guarda una parte de los fondos de Santa Cruz. Para llevarlo hasta allí, la excusa fue contarle que su hija Florencia había merodeado el lugar poco antes de salir de compras al shopping. Bastaron segundos para que el ex presidente se metiera en el galponcito, cuaderno en mano y lápiz en oreja. Aunque sospechaban que no saldría por varias horas, se aseguró la operación cerrando el candado por fuera y apostando un escuadrón de Gendarmería. Por lo que se sabe, aún permanece allí. El canciller Jorge Taiana se ocupa de llevarle la comida.
La timba periodística
“Al casino hay que jugarle poco pero a todos los números. De esta manera, nos iremos con la satisfacción de haber ganado siempre y la tranquilidad de haber perdido poco” (Tomás Lomenos, filósofo compulsivo y jugador positivista, gurú de cabecera del blog y tío político cercano de AAF).
Aún intuyendo la azarosa improbabilidad de que nuestras preguntas salgan favorecidas en el sorteo previo a la conferencia, nuestro deber periodístico, guiado por las palabras del Maestro Tomás, nos llevó a intentarlo igual. Llevamos 965, presentamos 943, nos autorizaron 24, sortearon 2 y Cristina no respondió ninguna (las dos preguntas eran: “¿Se depila con el sistema español de cera caliente o con el argentinizado de aerolíneas a roll on?” y “Sexualmente hablando, ¿puede acusar a su marido de golpista?”).
Todos los perros no van al cielo
Con la satisfacción del deber cumplido, el estómago repleto de sanguches y masitas y varias bandejas expropiadas debidamente escondidas entre nuestras ropas, nos retiramos de la Quinta de Olivos por la puerta grande. La que está en el fondo, detrás del galponcito donde Kirchner seguía sacando cuentas y enterrando papeles. Solamente nos siguió Catalina, la perra de Néstor, que insistía en insultar a Franquita y acusarla de “traidora” por llevarse el zapato presidencial. La comprendíamos. A la noche la acusarían a ella y debería escuchar las mismas palabras que escuchó Cobos en su encuentro con Cristina. Pero, bueno, ser la perra oficial trae aparejado esos riesgos.
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