
(click en la imagen del repollo para agrandar el pollo presidencial)
Como acostumbra hacerlo cotidianamente al salir de su trabajo en Casa de Gobierno,
Cristina Kirchner también se encargó de realizar las compras para la
Cena Oficial de fin de año de la
Familia Presidencial.
Custodiada por miembros de la
Brigada Shopping de la Federal, y en compañía de su hija
Florencia, Cristina concurrió a un conocido hipermercado. Pese a la fecha, ambas pudieron transitar cómodamente por los pasillos a bordo del
Changuito Presidencial “Palito 01”, empujado por
Guillermo Moreno. Funcionario incansable, mientras con su mano diestra conducía el changuito, con su siniestra
remarcaba los productos con el precio oficial.
Aunque al ingresar ni siquiera lo había mirado, a pedido de la custodia
Cristina debió regresar de mala gana para saludar al
Gerente del local. Tras un fallido intento de disculpas, le recriminó su incapacidad para evitar ser atropellado por un changuito.
“Estar de espaldas no es un justificativo para alguien con su cargo”, insistió la Presidenta. Algo más amable, le agradeció la colaboración de la empresa con las tropas de asalto de
Gendarmería, encargadas de
desalojar por la fuerza a los miles de clientes que poco antes realizaban sus compras en el lugar.
Apurada por realizar las compras,
Cristina retomó su marcha sin enterarse de que había vuelto a atropellar al
gerente. También a numerosos empleados que temerariamente se habían cruzado en su camino por entre las coloridas góndolas. Detrás suyo, funcionarios de
Presidencia repartían formularios de
créditos no reembolsables y solicitudes de
Planes No Trabajar.
Tras permanecer en silencio por algunos minutos frente a la góndola de productos cárnicos,
Cristina solicitó la inmediata presencia del responsable del sector. La
Presidenta tenía una duda sobre un producto y parecía no estar satisfecha con las explicaciones del encargado, por lo que se convocó a todos los vendedores y repositores. Luego de algunas horas, se sumaron las
cajeras, las
empleadas administrativas y hasta el
personal de limpieza y los
choferes. Incluso, el
gerente también hizo venir de urgencia a su
esposa, que estaba realizando un
transplante de corazón en el hospital local.
Horas más tarde, y con la ayuda de abundante bibliografía y material visual provistos por las empresas proveedoras, finalmente lograron que
Cristina entendiera
las diferencia entre un pollo y un repollo. “Yo tenía entendido que un repollo era un pollo más grandote, de esos que alimentan con siliconas para que les crezca una doble pechuga”, admitió una apesumbrada
Presidenta, que combatía el agotamiento de su rostro aplicándose los
bifecitos de lomo congelados que le acercaban las empleadas de Carnicería.
Apenas se percató de la presencia de cámaras, recompuso rápidamente su imagen popular. De evidente mal humor, y con
sus ojos de bife clavados en la pequeña lente de una de las cámara de seguridad del hipermercado, la
Presidenta responsabilizó a los integrantes de la
Mesa de Enlace. “En lugar de andar sembrando confusión entre la población, esos señores deberían estar criando repollos y cultivando pollos para que ningún argentino se quede con hambre de dudas”, reprendió a los
ruralistas.
Con la mirada todavía
inyecta en sangre de ternera, Cristina pidió que la comunicaran inmediatamente con el secretario de Agricultura y Ganadería. Apenas escuchó la voz de
Carlos Cheppi, le reprochó la morosidad en la publicación de los decretos aclaratorios del pollo y del repollo en el
Boletín Oficial.
Luego, lo amenazó con reemplazarlo con cualquiera de los
repositores y le ordenó trasladarse inmediatamente a la
Cocina Presidencial, donde debería
encender el horno y
pelar las papas antes de que ella llegara con las compras. “Y como castigo, te vas a ir a dormir sin cenar. Pero antes vas a tener que levantar la mesa, barrer y lavar los platos”, lo despidió con su acostumbrada
seriedad presidencial. Sin embargo, el corrimiento del
bifecito de lomo de su
ojo derecho permitió entrever cierto
cariño personal hacia el funcionario.
Cuando le avisaron que faltaban pocos minutos para las 12,
Cristina entró en
pánico escenográfico. Después de derribar varias góndolas, amenazó con
suicidarse ingiriendo un sandwich de mortadela. Cuando la vieron dudar demasiado delante del sandwich, todos temieron lo peor. Incluso, varios empleados se ofrecieron a prepararle más y con abundante fiambre. La orden del
gerente había sido clara:
entregarle todos los sandwiches que sean necesarios. “Cuando se trata de salvar al país, no se puede andar escatimando ni fiambre ni pan”, explicó.
Como siempre, la solución llegó desde lo más
alto del poder. Aburridos de arrojar petardos y cartuchos de dinamita al glaciar,
Néstor y Máximo Kirchner deambulaban por la
Casa Bipresidencial buscando algo más tierno que los
decretos reservados para engañar a sus estómagos.
Guillermo Moreno llamó a su
Jefe para informarlo sobre la
grave crisis institucional que se estaba viviendo en esos momentos dentro del hipermercado. Rápido,
Kirchner le ordenó que
cambiara la medicación de Cristina y el uso horario del país. “Creo que con
dos horitas menos alcanzamos a morfar tranquilos”, calculó técnicamente el ex Presidente. El
Secretario supo enseguida cuál era la prioridad nacional.
Minutos anteriores después, tras culpar a la crisis financiera internacional, la
Presidenta anunció oficialmente que
dos horas atrás el país acababa de
cambiar de uso horario. “No lo quise decir antes para no darles una sorpresa atrasada”, explicó. También anunció un aumento del 127% para el precio sostén del
repollo en pie y desgravaciones impositivas para quienes sustituyan la siembra de soja por la de pollos.
“El país necesita cambiar su matriz agrícola. Del repollo nacerá una nueva Argentina”, prometió solemne.
A falta de medicamentos, se supo que a
Cristina le habían suministrado
dos pastillas de Gamexane y una cucharada de Pinolux. Surtieron efecto. La Presidenta le habló al país sentada en un cajón de naranjas, ubicado sobre el mostrador del sector Verdulería. De fondo, una
bandera argentina improvisada con rollos de papel higiénico y un
cartel de ofertas que tenía escrito a mano
“Casa Rozada”. Apretujados en una góndola, un grupo de r
epositores disfrazados de funcionarios completaban la decoración oficial. Coqueta y elegante,
Cristina cubrió su cuello con una finísima
tira de asado que combinaba perfectamente con los
bifecitos de lomo de los ojos.
Apenas terminó su discurso,
Moreno ni siquiera esperó que bajara del cajón de naranjas. La cargó, sentada, en el
Changuito Presidencial y la condujo raudamente hacia la salida. Al pasar por la caja, él mismo se ocupó de pagar la
Cuenta Presidencial con su
Banelko Oficial.
Según confirmó la cajera, finalmente
Cristina llevó dos repollos para preparar en el
horno y
un pollo para la
ensalada. Entusiasmada por el descubrimiento de los
repollitos de Bruselas, también le compró un kilo a
Florencia. “Ponélos en la incubadora que mañana será
repollitos de El Calafate”, le ordenó con tono maternal.
Con las manos, el changuito y hasta los bolsillos repletos de
bebidas acohólicas,
Florencia le encomendó al multifacético
Secretario el traslado de los
repollitos. Incluso, le pidió que los colocara en la incubadora y que los vigilara. “Si mañana están grandes, hacélos a la parrilla”, le ordenó mientras descorchaba
el último champagne que le quedaba en la cartera.
INFORME: CONRADO NALÉ ROXLO, CRONISTA TX2K EN EL CALAFATE. ASESORAMIENTO NUTRICIONAL: DRA. TOTA SANTILLÁN. AGRADECIMIENTO ESPECIAL: MUÑECA INFLABLE “JACINTA PICHIMAHUIDA” (PARA CUANDO TE HIRVE LA CABEZA).Enviá este blog a un amigo o enemigo (preferentemente)